Dios clementísimo, puesto que habéis tenido a bien permitir al espíritu de este niño que venga a sufrir las pruebas terrestres para hacerle progresar, dadle luz a fin de que aprenda a conoceros, amaros y serviros.
Haced, por vuestro poder infinito que esta alma se regenere en el manantial de vuestras divinas instrucciones y que bajo el amparo de su ángel protector su inteligencia aumente, y desarrolle el camino de la enseñanza que le conduce a Vos; que la ciencia del espiritismo sea luz brillante que le ilumine a través de los escollos de la vida; que sepa, en fin, apreciar toda la inmensidad de vuestro amor, y superar toda clase de pruebas para que así se fortalezca su alma y las nuestras.
Señor, dirigid una paternal mirada sobre la familia a que habéis confiado esta alma, para que pueda comprender la importancia de su misión. Haced germinar en este niño las buenas semillas, hasta el día en que él mismo pueda por sus propias aspiraciones elevarse sólo ante vuestra Divina presencia.
Dignaos, ¡oh Dios mío!, escuchar esta humilde plegaria en nombre y por los méritos del que dijo ‘‘Dejad que los niños se acerquen a Mí, porque el Reino de los Cielos es para los que se parecen a ellos’’.
Amén.






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