Se cuenta que en el ingenio “La Diana” de Soler vivía una esclava llamada Mariwanga, mujer “de carne y hueso”, fuerte, a quien mucho temían los mayorales, pues su fama de bruja corría de boca en boca por toda la zona, y por entonces se decía que “cuando una mujer dice a ser bruja como Mariwanga, que se amarre el Taita el pantalón. Son el diablo, y todas tienen madera de brujas”.
En Cuba y principalmente en la zona de Matanzas, el nombre de Mariwanga está relacionado con la orisha Oyá, pero también en las Reglas de Palo Monte existen muchas ngangas que llevan su nombre. Mariwanga vino a América con dos hermanas suyas. Estas fueron a Santo Domingo o a Puerto Rico. A Mariwanga le tocó venir a Cuba. Pero al llegar a “La Diana” le advirtió al Contramayoral que el día que le sonara la musinga (el cuero) en las costillas, no la vería más. Y ese día llegó. Ella se escondió en la letrina y de allí volvió al África volando…






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