Hola a todos y bendiciones en este 2017.
Quiero empezar el año con una conversación que tuve con una hermana de religión, omo Oggún. Hablábamos del costo de coronar Santo en Estados Unidos (país en el que reside). y en diferentes lugares de Cuba y de cómo en ambos países está el mismo dilema:
¿Coger tanto dinero para un Santo?
La diferencia de precios entre Estados Unidos y cualquier lugar de Cuba es más que evidente, pero lo común es que en ambos se use la misma pregunta. Por eso es que yo me pregunto:
¿Qué sucede?
¿Es cuestión de Dinero, Fe o Voluntad?
Todos sabemos que para coronar cualquier Santo hay que hacer ciertos sacrificios, ahorrar dinero y renunciar a algunas cosas para poder comprar todos los elementos de la gran lista que da el padrino o madrina. ¿Realmente estamos dispuestos a esto? ¿Qué tanto queremos formar parte de la vida religiosa?
Continuará…






Yo lo que me pregunto es ¿Porqué un “santo” de esos le interesaría tener “dinero” ? no me explico.. :S
PORQUE DEBEMOS COBRAR NUESTRO TRABAJO
Derechos
“En nuestra religión, como todo en la vida-, todo
tiene su precio, no se hace nada sin cumplimentar éste, porque así
ha sido determinado por los Orisas…”
En una oportunidad Orunmila le dijo a sus hijos los babalawos e
iyanifas:
“Vosotros teneis que enseñar a la gente que, pagar por el bien que
se recibe no es retribuir al pie de la letra; es agradecer,
apreciar, respetar y corresponder en alguna medida a los Orisas y a
ustedes, sus sacerdotes y sacerdotisas…”
Antes de que Orunmila emitiera a sus hijos el mensaje que acabamos
de citar, los babalawos predicaban y practicaban el bien a la
humanidad gratuitamente, vivían en la más absoluta pobreza y
desposeídos totalmente de bien material alguno. Se sustentaban, o al
menos lo intentaban, de la caridad publica, y se conformaban con lo
que ésta, cada vez más miserablemente, les concedía en reciprocidad
por el incalculable bien recibido. Sin embargo, llegó un momento en
el cual los babalawos comenzaron a padecer la miseria, el hambre, el
frío y la muerte prematura, mientras que para la mayoría de la gente
el holocausto de estos seres humanos les fue indiferente. Aún así,
los babalawos prosiguieron en el cumplimiento de su noble y sagrada
misión, hasta que casi llegaron a extinguirse por inanición. Ya sus
fuerzas habían tocado fondo.
Mientras todo esto sucedía la mayoría de la gente se olvidaba
rápidamente del beneficio recibido de manos de aquellos religiosos.
Muchos habían sido curados de graves enfermedades, otros se habían
salvado de mortales accidentes, otros habían recuperado la felicidad
y la paz de sus vidas y familias, otros habían hecho grandes
fortunas, otros fueron salvados de la muerte y la desgracia, y así,
la lista de beneficios obtenidos por la gente, de manos de aquellos
dedicados sacerdotes, se hacia interminable. Pero, sin embargo, el
ser humano ponía de manifiesto su febril egoísmo, al desconocer de
manera irrespetuosa las necesidades vitales de aquellos, por cuya
intermediación, habían recibido la caridad de los Orisas y ancestros.
Y, Orunmila prosiguió con el mensaje…
“Porque hasta hoy he visto con gran tristeza, cómo muchos seres
humanos, tan rápidamente olvidan el bien que reciben. Es menester
entonces, ante tan abusivo egoísmo, que vosotros no vivan a expensas
de la buena voluntad, la iniciativa humanitaria y la caridad de
quienes cada vez más, demuestran con sus actitudes, la indiferencia
y el desprecio que sienten por todo aquello que consiguen
fácilmente. La mayoría de los hombres han aprendido equivocadamente
a darle valor material a todo lo que les concierne. La mercadería
que ustedes ofrecen no tiene un valor material, porque ella misma,
en sí, no es material; pero sin embargo, les puedo asegurar que, la
salud, el amor, la paz, el equilibrio, la vida misma y la salvación
que a través de ustedes ellos obtienen, no puede ser valorado
materialmente, porque ningún ser humano puede pagar el verdadero
valor que estos aspectos tienen en sus vidas”.
“Por todo lo que les he dicho hasta aquí, a partir de estos momentos
toda acción vuestra, a título personal o a favor de terceras
personas, que implique una participación directa o indirecta de
algún Orisa o ancestro, sea cual fuere ésta, tendrá que ser
recompensada materialmente siempre, mediante la ofrenda de animales
u objetos valiosos de cambio, que obliguen al beneficiario de
nuestros favores, a demostrar en todo momento, una acción reciproca
que nos demuestre su disposición al sacrificio, cualquiera que este
sea, a cambio de la caridad incalculable que recibe”.
“El ser humano ha recibido de nosotros los Orisas la vida y la
naturaleza para que crezca, se desarrolle y se engrandezca mediante
el sacrificio, la honestidad, la justicia y el amor a sus
semejantes. Grandes cosas hemos hecho previamente para ellos a fin
de facilitarles el camino, pero una vez más ahora se hacen los
desentendidos y se autoconsideran con el derecho a recibir
gratuitamente vuestro sacrificio unido a nuestros favores. Sin
embargo, ante tales actitudes, a partir de ahora nuestros favores y
vuestro trabajo tendrán que ser recompensados materialmente por todo
aquel que les requiera”.
“Cada babalawo deberá exigir siempre el `derecho de Orisa´ o
contrapartida material, previa o posteriormente a la consumación de
su trabajo. Y, dejará claro con cada cual, que el pago de esos
derechos, en ningún momento significará que se ha comprado el favor
de los Orisas o ancestros. El abono de los mencionados derechos
siempre será una representación simbólica del espíritu de sacrificio
de la persona que solicite vuestros servicios, pero a nosotros nos
corresponderá siempre la última palabra, con respecto a si
concedemos o no, el favor solicitado, solamente después de haber
valorado si esa persona ha hecho lo suficiente para merecer nuestra
ayuda”.
“Los hombres deben dedicar sus vidas a labrar la madera, a cultivar
los campos, a cazar, a pescar, a curar enfermos, a enseñar a los
niños, a cuidar los animales, a las labores artísticas, a extraer
las riquezas naturales…pero también hay quienes tienen la sagrada
misión de servir de intermediarios entre los hombres y sus dioses,
dedicando su tiempo y su vida a tan noble y encomiable labor…¡y
por ello tienen tanto derecho a recibir lo mismo que los demás!. La
labor de ustedes, es una labor tan socialmente importante como
cualquier otra, y por ello deben recibir lo necesario para vivir
dignamente entre sus semejantes. Por tanto, si la gente no es capaz
de reconocer en toda su magnitud el valor de vuestro trabajo,
entonces que a partir de ahora aprendan que la caridad hay que
merecerla, que ésta requiere acción y trabajo, que por ello también
tiene un precio, y que a quienes son aptos por sus consagraciones y
Asé para tramitarla -vosotros-, también tendrán que pagarles, en su
justa medida, por su trabajo”.
“Por lo dicho, decreto que…:”
“No habrá acción vuestra, ni nuestra, que quede libre de derechos,
excepto cuando previamente nosotros dispongamos lo contrario. Ello
significa que, la caridad y su justa administración será cuestión
exclusiva de vuestros Orisas, y en ningún momento de alguno de
vosotros. Si una persona, por sus actitudes en vidas pasadas o en la
presente, merece ser premiada con una caridad, librándola de
derechos, será exclusivamente un asunto a determinar por nosotros,
vuestros Orisas…”
A partir del momento en que el mensaje de Orunmila fue recibido por
los sacerdotes las cosas cambiaron mucho para éstos. La gente aceptó
y se adaptó rápidamente al “derecho”. Por ello, cualquier olorisa o
babalawo, donde quiera que se encuentre, esta obligado a cobrar
los “derechos” de Orisa para que sus rogaciones y trabajos tengan la
bendición y el Asé suficiente; de lo contrario, y sobre todo si la
situación se repite, puede llegar a perder el Asé y el privilegio
que le ha sido otorgado por nuestras deidades.
Después de repasar lo anterior, se comprende perfectamente porqué,
iniciarse o recibir los Ilekes (collares) de nuestra religión,
cuesta dinero; porqué recibir Ajagun (Orisas Guerreros), cuesta
dinero; porqué recibir otras consagraciones y fundamentos, cuesta
dinero; porqué hacer Elehan (asentar Orisa), cuesta dinero; porqué
hacer Itefa (hacer ifá), cuesta dinero; porqué realizar una simple
rogación o ebó, también cuesta dinero.
También cada etapa de formación religiosa requiere un largo y duro
camino a recorrer, así como un gran esfuerzo y tiempo de la vida
útil de una persona, por lo cual ésta no sólo está limitada a
recibir recompensa y reconocimiento por parte de los Orisas, sino,
también de sus semejantes.
Todo puede resumirse en largos años de esfuerzos y sacrificios en
pos de una formación adecuada que les permita a los iniciados, estar
en condiciones optimas para ayudar a los demás. No hay diferencias
entre el tiempo, el esfuerzo, el sacrificio, la disciplina y la
dedicación que un iniciado dedica a su formación religiosa dentro de
la Religión Yoruba Tradicional y/o Ancestral, y el que otro miembro
de la sociedad, sea éste quien sea, dedica a formarse en cualquier
otra disciplina del conocimiento humano. En ambos casos, tanto uno
como el otro, son igualmente útiles a la sociedad, y por tanto,
poseen los mismos derechos a ser remunerados material y
espiritualmente por su trabajo.
No hay motivos lógicos y razonables para pensar que un sacerdote y/o
sacerdotisa Orisa, por el simple hecho de ser un religioso(a), está
obligado(a) al altruismo…entonces, ¿quién le brindaría el sustento
a este sujeto?. ¿Cómo se calzaría y se vestiría?. ¿Cómo cubriría sus
gastos más elementales?. ¿Cómo y dónde viviría?. ¿Cómo podría
acceder a la salud pública, a los hospitales, a la asistencia médica
en general?.
A pesar de que el propio Orunmila ya lo reconoció una vez, ¿creen
vosotros que nuestro sacerdote y/o sacerdotisa, de verdad, podría
vivir a expensas de la voluntad y la caridad pública..? ¡Claro que
no es posible!.
A un médico cualquiera (el cual lógicamente ha comprometido su vida
bajo el obligatorio juramento hipocrático de no denegar jamás el
auxilio a un ser humano), cuya labor social es inminentemente
humanitaria e importante para preservar la salud de la sociedad en
la que vive, si no se le paga una retribución por sus servicios,
sencillamente no trabaja, pues aunque quiera, humanamente no puede
hacerlo. Tampoco a nadie se le ocurriría que éstos vivieran de la
caridad pública o de la voluntad de la gente; si ello fuese así no
existirían médicos en nuestra sociedad, pues nadie estaría dispuesto
a pasarse años estudiando para al final quedar a expensas de la
voluntad ajena. Sin embargo, a pesar de que la profesión de médico
implica un alto sentido de la humanidad y el sacrificio por los
demás, una gran parte de nuestros médicos lucran y se enriquecen con
su “humanitaria profesión” exigiendo precios elevadísimos -a veces
impagables por los desposeídos-, por cualquier intervención
quirúrgica o por un simple tratamiento para adelgazar. Pero la gente
parece aceptar esto como algo inexorable, que tiene que ser así,
porque sí, y nada más.
Mientras todo esto es una realidad, a mucha gente no se le ocurre
pensar que un sacerdote nuestro también dedica toda su vida a
estudiar y a prepararse para ayudarles de muchas maneras. Es como la
ley del embudo; lo ancho para unos y lo estrecho para otros. ¿Y, por
qué?. Piénsenlo vosotros mismos y verán que es una total injusticia
social. Tal vez algunos piensen que sacerdote y/o sacerdotisa puede
ser cualquiera y que detrás de estas ocupaciones se encubren muchas
formas de fraude y engaño; ello es cierto también, pero, ¿acaso no
hay también muchos profesionales malvados e inescrupulosos en
nuestra sociedad?.
Para mucha gente es muy fácil pensar que por un bien recibido del
más allá, por mediación de un sacerdote, el pago por los servicios
de éste corre exclusivamente a cargo de los dioses. Aquí se aplica
estúpida y egoístamente la relación patrón y empleado; estiman que
como el sacerdote es empleado de las deidades, son estas las que
deben recompensarle por su trabajo…¡nada más absurdo!.
El sacerdote y/o sacerdotisa Orisa también es un ser humano; nace,
vive y muere como todos los seres humanos; básicamente tiene las
mismas necesidades materiales de vida que los demás, y el servicio
social que presta a la humanidad, lo realiza en la tierra, entre los
seres humanos, por tanto; también tiene que vivir como un ser humano.
colaboracion de Denys Correa Gonzalez Añias El Policia y sus selector grupo de colaboradores